Dirigir la IA
Siete cosas que cambian cómo la usás. Se leen en diez minutos y funcionan desde hoy.
Una IA recién instalada es pan sin nada. No viene fallada: viene sin condimentar. Lo que la vuelve útil para tu trabajo no es un modelo mejor — son tus cosas adentro: tus criterios, tus papeles, las decisiones que ya tomaste. Y eso no viene en la caja: se agrega. A eso le decimos Chimichurri.
Las siete paradas de abajo son los primeros condimentos, y cada una se prueba en dos minutos con algo que ya tengas a mano.
No hace falta que sigas después de leer esto. Si algo de acá te sirve, ya valió.
1"La IA no tiene memoria"
El pan: lo que hay antes de condimentar.
Te lo digo así de entrada porque seguro no coincide con lo que ves. Vos me vas a decir: "¿cómo que no tiene memoria? Si se acuerda de todo lo que le conté".
Y tenés razón en lo que ves. Las aplicaciones que usás —ChatGPT, Gemini, Claude— te nombran charlas viejas, te reconocen, guardan notas sobre vos.
Las dos cosas son ciertas, y separarlas es lo que sirve. El modelo —la parte que razona— arranca en blanco cada vez y no guarda nada. La aplicación que lo envuelve sí guarda, y le vuelve a pegar esas notas antes de que te conteste.
Lo que no pasa es que elijas vos qué se acuerda. Guarda lo que su fabricante decidió, cuando lo decidió, y te lo devuelve cuando le parece. El giro no es "no se acuerda": es "no elegís vos qué se acuerda".
Y hay algo más concreto: todo lo que está a la vista en una conversación se vuelve a procesar en cada respuesta. Una charla de tres horas no es una charla larga: es la misma charla releída una vez por cada respuesta que te dio. Cuesta más y responde peor antes de que lo notes — no falla de golpe, se degrada.
Probalo ahora, son treinta segundos. Abrí una charla larga que tengas dando vueltas y pedile: "resumime en qué quedamos para arrancar en un chat nuevo". Después abrí una nueva, pegale ese resumen y hacele la misma pregunta que venías haciendo. Compará cuál contesta mejor. Si es la nueva, no es porque sea otra IA: es porque dejó de arrastrar.
Esa es la idea entera, y todo lo demás son formas de aprovecharla.
2Los criterios que no escribís, los pone ella por vos
La sal: si no ponés la tuya, el gusto lo pone la receta de internet.
Le pedís algo. Te propone una solución. Y hay algo que no te cierra, pero no sabés bien qué.
Lo que pasó es simple: toda decisión necesita criterios, y los que vos no diste los completó ella — con los más comunes de internet, que no son los tuyos. No se equivocó: llenó un hueco que dejaste.
La reacción natural es discutirle en el chat. Es la peor. Ganás esa vuelta y perdés todas las siguientes, porque mañana, en otra charla, vuelve a proponer lo mismo.
Lo que sí funciona es preguntarte: ¿qué tendría que respetar esa propuesta para cerrarme? La respuesta es tu criterio. Ponelo en una frase —"quiero algo que pueda manejar yo, sin depender de nadie"— y guardala en una nota, fuera del chat.
Desde ahí, cada vez que vuelvas al tema, pegale esa frase antes del pedido. No le discutiste nada: le diste el dato que le faltaba.
Y esto se mide, no se cree: repetí el mismo pedido, ahora con tu frase adelante, y compará las dos propuestas. Si cambió, no fue porque le insististe: cambió el material con el que decide.
Si alguna vez pensaste "le expliqué esto la semana pasada", no es olvido: es que se lo dijiste en una charla — y las charlas no se leen entre sí.
3Un proyecto no es un chat
El frasco: lo que no guardás en uno se va con la charla.
El orden más tentador cuando tenés varios temas es abrir un chat para cada uno. Parece prolijo y no lo es.
El chat no es donde vive la organización: es una conversación que se cierra. Lo que le contaste a uno no lo sabe el otro, y en poco tiempo tenés varias charlas a medias, cada una con un pedazo del asunto.
La organización vive en tus archivos, no en la charla. Un proyecto son dos cosas: una ficha —qué es, para quién, qué decisiones ya tomaste— y un cuaderno donde queda en qué quedaste. Cada uno en su carpeta, si trabajás en una computadora.
Probalo con el tema que más vueltas te está dando. Escribí en un archivo tres líneas: qué es, para quién, y en qué quedaste. Pegáselas a la IA la próxima vez que lo retomes, en vez de contarle todo de nuevo. Eso ya es la ficha, y ya te ahorra el arranque de cero.
4La misma pregunta, dos veces
La cuchara: probás, comparás, y recién ahí decidís.
Esta es la que más rápido se comprueba, y no necesitás creerme nada.
Pensá una decisión que estés tomando estos días. Preguntásela a la IA tal cual, sin darle datos. Te va a contestar bien: un marco, un criterio general, tres cosas a considerar. Todo cierto y nada tuyo.
Ahora hacé la misma pregunta con tus números adelante —los que tengas a mano, aunque sean aproximados— y compará las dos respuestas.
Mirá una cosa en particular: si cambia lo que parecía más importante. Si cambió, sos vos quien puede verificar si es verdad — nadie más.
La diferencia entre las dos respuestas no la hizo una IA mejor. La hiciste vos, con lo que le diste.
5Pedir es distinto de dirigir
El orden: tirar todo junto al frasco no es una receta.
Con las cosas cortas da igual: pedís y sale. Con algo grande, no.
Cuando le tirás un trabajo grande de una sola vez, hace lo que puede con lo que entendió, y lo que vuelve te llega entero y torcido: no sabés dónde se desvió ni qué parte corregir.
Dirigirlo es pedirlo en otro orden: primero que te diga cómo lo va a encarar, después un pedazo, lo mirás, y recién ahí el siguiente. No hace falta ninguna herramienta especial: esto se hace igual en el chat que ya tenés abierto.
La regla: antes de mandarlo, escribí qué tendrías que ver para darlo por bueno. Por ejemplo: "que me quede un borrador de dos páginas que pueda mandar sin reescribirlo".
Si esa frase no te sale, todavía no es un pedido: es un deseo — y cuando vuelva algo, no vas a tener con qué decidir si sirve.
Es lo mismo que hace un buen instructivo cuando te dice, en cada paso, qué tenés que ver antes de seguir. Vos se lo estás diciendo a ella.
Es la diferencia entre delegar y sacarse el trabajo de encima.
6Lo que se ensucia sin que lo notes
La tabla sin lavar: el gusto del tema anterior se pasa al siguiente.
Cuando manejás varios temas aparece un problema que no da error, y por eso cuesta verlo.
Si le preguntás por un tema en medio de una charla que venía sobre otro, te contesta igual: seguro, ordenado, bien argumentado. Y armado con lo que había a mano, que era del otro tema.
La contaminación es peor que el olvido, justamente porque no se nota. Cuando algo se olvida, lo ves y lo repetís. Cuando se mezcla, te lleva puesto con una respuesta que suena bien.
La señal para desconfiar, y es fácil de recordar: cuando te conteste con mucha seguridad sobre algo que no le contaste en esa charla, preguntale de dónde lo sacó. O está mezclando, o está rellenando — y las dos se arreglan igual: diciéndole de qué estás hablando antes de preguntar.
Por eso el orden no es una manía de prolijos: es lo único que hace que puedas confiar en lo que te contesta cuando tenés varias cosas abiertas a la vez.
7Si te da cosa borrar, es que falta anotar algo
La heladera: primero guardás la preparación, después lavás.
Esta es la más chica y la que más rinde.
Terminaste una tanda de trabajo y no querés borrar el chat. Ese pudor es información: significa que hay algo importante que existe solo ahí adentro.
Cerrar y borrar no son lo mismo, y confundirlos es lo que hace que nadie borre nada:
- Cerrar una sesión es guardar en tu equipo lo importante de ese chat: en qué quedaste, qué decidiste, lo que vayas a necesitar mañana.
- Borrar el chat es sacarlo del listado. Y recién se puede hacer sin perder nada después de haber cerrado.
El ciclo completo, y es siempre el mismo: abrís limpio, trabajás un rato, cerrás —o sea, guardás lo importante— y ahí sí lo borrás. Si te da cosa borrar, no borres: es que todavía no cerraste.
No es prolijidad. Es que lo que quedó escrito sobrevive; lo que vivía solo en la charla se va con ella.
Y esto es lo que hay atrás
Las siete de arriba no son adelantos: son el método. Y son el primer frasco, el que te damos armado nosotros. Lo que sigue es hacerlas sobre tu trabajo real, hasta que dejen de ser ideas y sean cómo trabajás.
Dónde pasa: una carpeta tuya
El salto es que la IA trabaje parada en una carpeta de tu computadora. Tu ficha, tus reglas y lo que vas anotando dejan de vivir en el chat y pasan a archivos tuyos, que se releen cada vez que abrís. Para eso hace falta una computadora y una cuenta paga —Claude Code, Codex o similar; en la jerga les dicen harness—: es lo que hace desaparecer el copiar y pegar.
Y eso no se arma a mano: entra con un comando. Copiás una línea, la pegás, y queda instalado el kit: el trato base, las rutinas de arranque y de cierre, y la lista de lo que te falta aprender. Son diez minutos, y lo único que tenés que hacer es decirle que sí a dos carteles.
Y esa carpeta está en tu disco, no en el nuestro. Tus proyectos, tus fichas y tus papeles no se suben a esta página y nosotros no los vemos. Lo único que nos llega es el avance que cargás vos al cerrar una etapa, sin montos ni nombres de tus clientes.
PRIVACIDAD Lo que sí pasa es lo de cualquier chat: lo que la IA lee para contestarte viaja al servicio que uses —Anthropic, OpenAI— mientras lo procesa. La diferencia es que tu trabajo no vive ahí: vive en tu computadora, y lo decidís vos.
Antes de arrancar, una entrevista
Una pregunta por vez, que contestás charlando con tu IA: a qué te dedicás, con qué trabajás, qué le explicás siempre de nuevo, cuánto tiempo tenés por semana. De ahí sale tu punto de partida — si arrancás de cero, o si ya tenés cosas armadas que hay que mudar sin romper nada.
Cinco etapas, adentro de tu trabajo
Esto no es un curso. No hay clases ni tareas aparte: aprendés con tus propios proyectos, los que ya tenés entre manos, y nosotros te acompañamos mientras. Cada etapa pasa sobre un trabajo tuyo de verdad, y tu asistente te muestra una cosa nueva por sesión, sobre lo que estés haciendo ese día.
- Etapa 0 · Armá tu base y arrancá. La base completa, tu primera sesión cerrada con el ritual, y una copia de todo con fecha, en otro lado. Si ya venías trabajando con IA, entra lo tuyo sin pisar nada.
- Etapa 1 · Mudá tu primer proyecto. Un trabajo real pasa a su carpeta, con su ficha y su cuaderno.
- Etapa 2 · Un papel que llegue solo. Lo que hoy bajás a mano se revisa papel por papel, para ver cuál puede llegar sin que lo traigas. Y el segundo proyecto se muda entre los dos.
- Etapa 3 · Todos tus frentes bajo un techo. Lo que se repite se escribe como procedimiento y se encarga de una. Al abrir, te lista todos tus proyectos con su estado y te avisa las fechas que se acercan.
- Etapa 4 · Que ande sin que lo mires. Retomar algo que no tocás desde hace meses sin reconstruir nada, y el resguardo como costumbre. Es la etapa que decide si esto te sirve solo.
Fijate quién maneja en cada una: en la primera mudanza tu asistente hace y te explica, en la segunda la hacen juntos, y desde la tercera la hacés vos y tu asistente corrige.
Cada etapa se cierra con evidencia, no con un "ya está". Tiene un mínimo —las cosas que tienen que existir en tus archivos— y tu asistente revisa tus carpetas contra esa lista, punto por punto. Después te hace unas preguntas sobre lo que hiciste y arma un avance, sin montos ni nombres de tus clientes. Lo cargás en la página, lo lee una persona, y recién ahí se abre la etapa siguiente.
Tu recorrido, y los cofres
Cuando entrás tenés tu recorrido: una página tuya donde ves de un vistazo qué etapa cerraste, cuál tenés entre manos y cuál viene. Al costado están los cofres, cajas que se van llenando con lo que le podés sumar a tu base:
- Roles. Un rol es un archivo de texto con instrucciones, en castellano, que vive en una carpeta tuya y cambiás cuando quieras. El Entrevistador te saca lo que sabés y no escribiste. El Redactor de procedimientos convierte lo que ya hacés en algo que otro puede seguir. Research investiga y te deja la fuente. El Abogado del diablo le busca el agujero a lo que decidiste. El Editor con tu voz hace que lo escrito suene a vos. Y el Inspector de seguridad revisa lo que traés de afuera —un prompt que te pasaron, un archivo que te mandaron— y te cuenta qué hace antes de que lo uses.
- Herramientas. Piezas que armás una vez y quedan andando: tu
inicio.html, que abrís con doble clic y te muestra todos tus proyectos y en qué anda cada uno, y el resguardo, la copia fechada de tu base. - Píldoras. Lo que no entra en ninguna etapa y tu caso pide: conectar el Drive, el correo o el calendario, que algo se repita solo, trabajo con imágenes, un toque de código. No van todas juntas: se abren cuando tu trabajo las pide.
Lo que sabés se mide, no se declara
El temario es una lista de dieciocho maniobras, y no se recorre en orden: cada una tiene su gatillo y aparece cuando tu trabajo la cruza. Van desde lo primero —por qué lo que no está escrito se pierde, el ritual de cierre, el resguardo— hasta que te conteste leyendo tus papeles y citando de dónde lo sacó, cruzar dos fuentes para que las diferencias aparezcan, encargar un trabajo largo con un plan que aprobás antes, cortarlo a mitad sin empezar de cero, retomar algo después de meses, y fabricarte un rol propio.
Cada maniobra pasa por cuatro estados: sin ver, me lo mostraste, lo hicimos juntos y lo hice por mi cuenta — recién el último cuenta como aprendido. Y se marca con una regla sola: si decís que algo ya lo hacés, te pide el archivo donde se ve. Lo que no tiene archivo queda pendiente — y así lo que aparece es lo que falta de verdad, no lo que suena bien.
Y al final, tu propia receta
El último tiempo es tuyo: tus reglas, tus procedimientos, y tu registro de lo que ya falló una vez para que no vuelva a pasar. Cuando las etapas se terminan, el asistente no se apaga: deja de tomarte etapas y sigue guardando lo que aprendés, ordenado para reusarlo en tus proyectos. Ahí es donde esto deja de ser algo que te dimos.
Y todo lo que armás es tuyo. No queda adentro de esta página ni de una cuenta nuestra: son archivos que podés abrir sin nosotros. Si un día no querés saber más nada de esto, lo que armaste sigue funcionando igual.
Por ahora es gratis, y va a seguir gratis mientras lo estamos construyendo. Hoy corre con gente real —una contadora, un diseñador web, alguien que maneja un foodtruck, un gerente comercial— y lo que aprendemos con cada uno mejora el material de todos.
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